La elección del rector de la Universidad Nacional de Colombia es uno de los sucesos mas importantes académicamente en el país, no obstante, lejos de ser una elección legitimada y fundamentada en la piedra angular del alma mater, los estudiantes, se basa en intereses políticos, económicos y particulares de personas externas a la universidad. La ultima elección de José Ismael Peña como rector de la institución educativa nos plantea dos debates: ¿Hasta que punto el consentimiento de los estudiantes materializado en la consulta es vinculante? y ¿Cuál es el limite de la discrecionalidad del Consejo Superior Universitario en la elección del rector?
Para abordar estos interrogantes, es necesario analizar el proceso electoral reciente en la universidad. Se observa que, en muchas ocasiones, la elección del rector no refleja la preferencia de los estudiantes en la consulta interna. Tanto Dolly Montoya como Ignacio Mantilla, anteriores rectores, no contaban con el respaldo estudiantil en la consulta interna, pero sí tenían el apoyo de los gobiernos en turno.Por otro lado, la discrecionalidad del CSU parece ser ilimitada, ya que, bajo el amparo de la Ley 30 de 1992, sus miembros han tomado decisiones que no reflejan la voluntad estudiantil. Esta situación se agrava por la escasa representación directa de los estudiantes en el CSU, donde apenas el 12.5% de los votos provienen de ellos.
La elección mas allá de destituir o no a José Ismael Peña, representa debates mas profundos, como lo es la reforma a la Ley 30 de 1992, aumentando la participación de los estudiantes en el CSU, y consolidando una incidencia directa del estudiantado en cada decisión de la universidad. El panorama hoy en día es complejo pero con el apoyo del gobierno -el cual ha sido respaldado incondicionalmente por la comunidad universitaria-, y el asentamiento de un movimiento estudiantil fuerte se puede lograr.

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